




Zen Hostel Brasil - Hotel e SPA
Refugio zen a un paso de Vila Madalena
Sobre este hotel
A solo doscientos metros de la estacion de metro Vila Madalena, este albergue apuesta por un jardin patio frondoso para cortar con el bullicio de la gran ciudad. Los dormitorios equipados con taquillas y ventilador conviven con una habitacion doble con bano privado, todo en un entorno de suelos y mobiliario de madera. El wifi gratuito, la sala de television comun y el frigorifico compartido completan una estancia sencilla pero cuidada, a cuatro kilometros de la avenida Paulista y veintisiete del estadio Itaquerao, con el aeropuerto internacional de Guarulhos a treinta y seis kilometros. Es una eleccion que habla sobre todo a viajeros con presupuesto ajustado, y el aspecto mas citado por los huespedes sigue siendo jardin patio, un detalle que resume bastante bien lo que ofrece esta direccion en el dia a dia.
- Jardin patio
- Wifi gratuito
- Sala de television comun
- Frigorifico compartido
Nuestra opinión
Una buena opcion para viajeros que buscan un entorno tranquilo y verde cerca de Vila Madalena sin pagar la tarifa de un hotel. Quienes quieran un bano privado en todas las habitaciones deberian reservar la habitacion doble, en numero limitado. Lo que mas tranquiliza a la hora de reservar es wifi gratuito, un punto que las reseñas recientes confirman en lugar de presentarlo como una simple promesa de marketing.
- ✓Trae tu propia toalla o alquila una en el lugar por un pequeno suplemento.
- ✓Camina hasta Vila Madalena en diez minutos para los bares y el arte urbano del barrio.
- ✓Reserva la habitacion doble con antelacion si un bano privado es imprescindible para ti.
Por qué nos gusta
- A doscientos metros del metro Vila Madalena
- Jardin patio frondoso
- Dormitorios con taquillas y ventilador
- Habitacion doble con bano privado disponible
Por qué encanta a los viajerosUn mochilero que pasó una semana por Vila Madalena eligió Zen Hostel por el precio y se quedó por el patio. Al caer la tarde volvía de los murales y los bares, sacaba algo de la nevera compartida y se sentaba entre las plantas de la terraza jardín mientras el cielo se apagaba. El dormitorio era sencillo y las toallas se pagaban aparte, una pequeña molestia, pero la estación de metro a doscientos metros facilitaba cada jornada.